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Crítica: “Crazy, stupid, love”

09 Oct

Vale la pena.

Directores: Glenn Ficarra, John Requa

Guión: Dan Fogelman

Reparto: Steve Carell, Ryan Gosling, Julianne Moore, Emma Stone, Jonah Bobo, Marisa Tomei, Kevin Bacon, Joey King, Analeigh Tipton,Crystal Reed, Liza Lapira, John Carroll Lynch, Josh Groban

Productora: Warner Bros. Pictures / Carousel Productions

Crazy, stupid, love es una película con una premisa muy simple y, a priori, parece que vista chorrocientas veces: Cal Weaver (Steve Carell) es un marido y padre de familia corriente al que un día, tras una crisis matrimonial, su mujer Emily (Julianne Moore) le pide el divorcio tras 25 años de casados. A partir de ese momento la vida de Cal se desmorona, teniendo que lidiar con su actual condición de separado y manejar lo mejor que pueda la relación que mantiene con sus hijos.

Aunque la trama sea más que típica, Crazy, stupid, love no es otra estúpida película americana, al menos no del todo. El hilo conductor del film se esboza en el momento en el que Cal, destrozado por su situación, acude todos los días a un bar a lamentarse de su triste existencia mientras bebe vodka con zumo de arándanos por una pajita. Allí se encuentra por casualidad con Jacob Palmer (Ryan Gosling), un guapo y rico treintañero experto en el arte del ligoteo que se fija en su situación y se ofrece a ayudarle a conocer mujeres. A partir de ahí comienzan a suceder una serie de acontecimientos que se complican, enredos y subtramas que se van conectando entre sí de una manera hilarante, aunque a la vez dramática, donde podremos ver a conocidísimos secundarios como Marisa Tomei, Kevin Bacon o Emma Stone, todos imprescindibles en la historia.

Lo  original de la película no es la historia que cuenta en sí misma, si no la manera de narrarla. El film cuenta con un sencillo guión muy divertido, fresco y ágil, que esboza un retrato generacional del amor: el amor (pre)adolescente, el amor en la temprana etapa adulta y el amor en la mediana edad. Aquí se dan cita los amores duraderos, los amores fugaces, los que te marcan, los platónicos y los que nunca podrás olvidar.

Es imposible no sentirse identificado con alguna de las historias que la película nos cuenta o con alguno de los personajes -principales o secundarios-, lo que denota que detrás hay un excelente trabajo en el desarrollo de los mismos y en la dirección de actores. Una de las mejores bazas que tiene la película es el impresionante reparto con el que cuenta. Destacan, sobre todo, Ryan Gosling (uno de los mejores actores jóvenes del momento con una gran proyección) y Steve Carell (papel que le va como anillo al dedo, para qué engañarnos), ambos personajes son los más complejos y quienes experimentan una evolución más notable, pasando a ser el primero de un casanova superficial a un enamorado que se siente algo perdido por su novedosa situación sentimental y el segundo evoluciona a un individuo mucho más divertido, alocado y arriesgado, aunque en el fondo sigue necesitando a su alma gemela para poder ser feliz. Mención especial a Marisa Tomei, sale pocos minutos en pantalla pero sus momentos son hilarantes, y a la canguro (Analeigh Tipton) que personalmente me pareció un personaje muy divertido –sobre todo los momentos que comparte con el hijo de Cal y Emily-.

El punto negativo quizás sea el típico discurso final almibarado, una concesión de la película acorde a la moral americana pero que no hace desmerecer en ningún momento el resultado final del largometraje, que si bien no es muy novedoso en sí, su eficacia y buena realización nos hace salir de la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Sin duda la recomiendo, gustará a los fans de las comedias románticas y al resto probablemente también.

Lo mejor: el reparto, los abdominales de Ryan Gosling, la pelea y la escena de la llamada*.

Lo peor: el discurso final, aunque divertido, demasiado típico.

* Alguien me ha dicho que quizás fuese la escena más bonita de la película y, reflexionando, me di cuenta de que es verdad, todos hemos hecho alguna vez una llamada similar como excusa simplemente para escuchar a alguien a quien echamos de menos, por la razón que sea.

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Publicado por en 9 octubre, 2011 en Crítica

 

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