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Crítica: “Misión Imposible: Protocolo Fantasma”

19 Dic

Como un tiro

Dirección: Brad Bird
Guión: Josh Applebaum & Andre Nemec
Reparto: Tom Cruise, Simon Pegg, Paula Patton, Jeremy Renner, Michael Nyqvist, Léa Seydoux, Josh Holloway, Tom Wilkinson
Fotografía: Robert Elswit
Música: Michael Giacchino
Productores: Tom Cruise, J.J. Abrams, Bryan Burk

Un loco hijo de puta quiere provocar una guerra nuclear y tito Tom va a pararle los pies. Pero no está solo ya que bajo su mando tiene a un equipo formado por los mejores agentes de la denominada FMI (no, no es el Fondo Monetario Internacional sino la Fuerza de Misión Imposible). En dicho equipo nos encontramos con el genio de la informática, la chica guapa pero que reparte hostias como panes y el tipo que es una completa incógnita.

Ésta es, a grandes rasgos y sin querer profundizar demasiado – tampoco da pie a ello-, la trama de la, ya, cuarta película de la saga que intenta revitalizar la carrera algo alicaída de Cruise. La película arranca a toda hostia y no para en sus 2 horitas de duración (salvo 5 minutillos de cortesía en los que uno se puede ir tranquilamente a echar un pis). Desde el comienzo, Cruise reparte hostias, corre (y es que se ve que le encanta) a toda leche ya sea huyendo de una explosión o de una tormenta de arena y realiza alguna que otra pirueta que forma parte de una de la set-pieces más memorables que he tenido el placer de ver en una peli de acción en mucho tiempo (tengo que irme de vacaciones a Dubai). El guión sirve para hilvanar las diferentes escenas de acción. Es sencillo, no se anda con rodeos y engarza todo este pepino de manera ejemplar. La peli va de A a C, pasando por B a una velocidad pasmosa. Nada se deja al azar, no hay situaciones superfluas que no sirven para nada. Aquí todo tiene un propósito y nos sirve para dar el siguiente paso en esta vuelta al mundo en un par de días que supone la película. ¿Pegas? Pues haberlas, haylas. Véase un villano desdibujado y sin carisma, al igual que sus varios secuaces y la, cada vez más frecuente, absurda necesidad de dotar a ciertos personajes de un trasfondo dramático. Estamos ante una montaña rusa, un puro despiporre y detalles como este último sólo sirven para ralentizar lo que, hasta ese momento funcionaba como un reloj. Son 5 minutillos, pero es que a partir de esos 5 minutillos la peli decae bastante, aunque ni de coña se hunde (giro final incluído).

¿Y quién está detrás de todo ésto? Pues el señor Brad Bird (Ratatouille, El gigante de hierro o Los increíbles) que se conoce los mecanismos narrativos como nadie (la secuencia del intercambio de maletines es genial, haciendo un buen uso del montaje paralelo) y que se casca alguna que otra escena de acción pa mear y no echar gota (Dubai). Bird huye del realismo de la saga Bourne, que parecía haberse convertido en el estándar del héroe de acción actual, para centrarse en la que ya podemos considerar como mitología de la serie: gadgets ultramodernos, fantasmadas varias marcas de la casa y ciertos toques de humor y suspense. De hecho, la película está impregnada de cierto sentido autoparódico y referencial a los momentos álgidos de las anteriores entregas. Esa ligereza es, en parte, lo que la hace tan disfrutable lejos de la “poesía visual” del pajaricos por aquí, pajaricos por acá de la diarreica entrega perpetrada por John Woo. A diferencia de ésta, la última entrega nunca se toma en serio y busca el más difícil todavía para el regocijo de los fans del cine de acción.

Mención aparte merece Cruise que se deja los huevos en el papel. El tipo está de capa caída y sus últimas aportaciones han estado por debajo de los esperado, pero verlo colgado a chorrocientos metros del suelo no tiene precio. Si a una escena de acción le falta algo, Cruise está ahí para echarle varios pares de huevos sazonándola con lo que falta. Ojalá vuelva a los tiempos de Magnolia, pero mientras no lo hace que siga haciendo disfrutar a la peña como una enana en su papel de Ethan Hunt a sus ya 50 añacos. Porque, tras ver la peli, uno tiene la sensación de que esos rumores de que le iba a dar el relevo a Renner como cabeza de cartel de la saga eran, cuanto menos, infundados.

El resto del reparto cumple, destacando al carismático Renner y a Simon Pegg como alivio cómico y experto informático cogiendo el relevo de Ving Rhames, quedando relegadas las aportaciones de Holloway o Wilkinson en algo meramente testimonial aunque sus personajes sean fundamentales para el desarrollo de la trama.

También merece una mención un menos inspirado de lo habitual Michael Giacchino que, aún así, cumple de sobras revisando el tema principal de la saga y jugueteando con él.

Lo dicho, si queréis pasar un par de horas la mar de entretenidas y disfrutar ante la amalgama de piruetas, giros y gadgets imposibles esta es vuestra peli. Uno tiene que dejarse llevar e ir al cine con el chip de suspensión de incredulidad a tope, porque si se lo deja apagado y no entra en el mundo que se nos presenta le pondrá mil y una pegas.

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Publicado por en 19 diciembre, 2011 en Crítica

 

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