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Crítica: “War Horse”

12 Feb

De ese cine que no abunda

Dirección: Steven Spielberg
Guión: Richard Curtis y Lee Hall, basado en la novela de Michael Morpurgo
Reparto: Jeremy Irvine, Emily Watson, Niels Arestrup, Peter Mullan, David Thewlis, Benedict Cumberbacht, Tom Hiddlestone
Fotografía: Janusz Kaminski
Montaje: Michael Kahn
Música: John Williams
Productores: Steven Spielberg, Kathleen Kennedy, Tracey Seaward, Adam Somner

Spielberg es mi debilidad, lo confieso. Tanto sus obras más cándidas como las más “adultas” tienen un no sé qué y un no sé cual que… ¡Qué coño! El tipo es un genio en la planificación, composición y el montaje, además de saber rodearse de un equipo de profesionales como la copa de un pino. Lo curioso es que aún hay que gente que lo cuestiona por simple, plano y artificioso. Cierto es que la sutilidad no es lo suyo, que ha pecado de efectista en diversas ocasiones (La lista de Schindler) o que se ha rendido en su momento a la, por otro lado estúpida, proposición de que “no eres nadie si no ganas un Oscar” (El color púrpura) y dejando su personalidad como cineasta a un lado. Pero no es menos cierto que su cine es sinónimo de espectáculo, de emociones que unen lo cotidiano con lo extraordinario y de un tipo de cine que ya no se hace, un cine libre de prejuicios y cinismo, un cine que se echa de menos.

War Horse aúna las dos facetas de su director, la seria y la más ingenua e infantil (que no es necesariamente malo. Ahí están E.T., Encuentros en la tercera fase o El imperio del sol). Al fin y al cabo, estamos ante una película basada en una novela juvenil y auspiciada por Disney. Algo que se hace patente a la hora de mostrar de forma sesgada las crueldades de la guerra (un molinito por aquí o una elípsis por allá). Dicho lo anterior, uno debería saber lo que se va a encontrar que no es otra cosa que un cuento sobre la esperanza en tiempos de guerra y las pérdidas que ésta acarrea. Es una peli más blanca que el lavado con Perlán y que irradia una dulzura exagerada, buscando en muchos momentos la lágrima del espectador a toda costa. No hay dobles lecturas: la guerra es muy perra y la esperanza y el amor lo superan todo. Si uno se entrega al juego saldrá encantado del cine. Si no lo hace, saldrá echando pestes porque, como digo, es una peli de Spielberg con todo lo que eso conlleva, para lo bueno y para lo malo.

La historia es simple de cojones. El mejor amigo de un adolescente, un caballo llamado Joey, se marcha a la I Guerra Mundial donde se enfrentará a diversos desafios y lidiará con todo tipo de personajes, ni más ni menos. No es una película profunda ni compleja, sus personajes apenas superan el estereotipo, debido al carácter episódico del relato y el consecuente escaso tiempo en pantalla de cada uno de ellos (bueno, miento, los alemanes aquí no son diabólicamente malvados), y el protagonista es un caballo. Entonces, ¿por qué debería alguien acercarse a verla a una sala de cine? Pues porque es un compendío de las señas de identidad de su realizador y un homenaje a ese cine añejo y que permace en el imaginario colectivo. Es como si el director nos dijera: os voy a enseñar como funciona esto, piltrafillas.

Desde los planos generales y majestuosos a lo David Lean pasando por cierto plano que me recordó poderosamente a Lo que el viento se llevó, Spielberg realiza un ejercicio de formalismo estético tomando a los clásicos como fuente de inspiración, elevando la belleza de sus planos a las cotas más altas a través de su exquisita composición y la fotografía preciosista de un Kaminski más contenido que de costumbre. La excelente planificación de las secuencias de acción (la huída de las trincheras) junto con la omnipresente banda sonora del maestro Williams (en ocasiones, demasiado presente, todo hay que decirlo) no hacen sino rubricar la excelencia técnica del film.

Narrada con vigor y con unos actores entregados en sus escuetos papeles, War Horse es una excelente muestra de cine de aventuras para toda la familia que goza de una factura impecable. Una película sin pretenciosidades, directa y clara en su mensaje, con un maestro de orquesta que nos demuestra que tiene cuerda para rato.

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Publicado por en 12 febrero, 2012 en Crítica

 

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