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Crítica: “The Amazing Spider-Man”

09 Jul

Versión 2.0: Actualizada y mejorada

Dirección: Marc Webb
Guión: James Vanderbilt, Alvin Sargent, Steve Kloves
Reparto: Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans, Martin Sheen, Sally Field, Denis Leary, Irrfan Khan, Campbell Scott, Embeth Davidtz
Fotografía: John Schwartzman
Montaje: Alan Edward Bell, Michael McCusker, Pietro Scalia
Música: James Horner
Productores: Laura Ziskin, Matthew Tolmach, Avi Arad
Productores ejecutivos: Stan Lee, Michael Grillo

Llega a nuestras pantallas el reboot de una franquicia que contaba sólo 10 años de antiguedad. ¿Innecesario? A todas luces. ¿Aporta algo nuevo? Cosillas. ¿Mejora lo anterior? Pues para qué negarlo, sí.

Esta peli era un riesgo desde el principio. Estamos ante una película sobre los orígenes de uno de los personajes más carismásticos del universo Marvel. Unos orígenes contados hace muy pocos años y que impone unas limitaciones de aúpa a todos los implicados. Era imposible no caer en los lugares comunes -al fin y al cabo la historia de fondo era la misma-, así que se cae en ellos intentando aportar un toque que la diferencie de sus predecesoras. Toque que, en ocasiones, hace un flaco favor a la película (la frialdad con la que es tratada la muerte del tío Ben es bastante criticable. Se supone que es uno de los puntos álgidos a nivel emocional del film y es despachado como si los responsables del film dijeran: “Hala, esto ya lo habéis visto, mejor pasemos a otra cosa”).

Otro elemento a tener en cuenta, y un punto y a parte en las adaptaciones de cómic, es la aparición en 2005 de esa joya llamada Batman Begins y su enfoque adulto del personaje. De eso hay en esta Spider-Man pero, por suerte, se han dado cuenta de que Batman y Spider-Man no tienen nada que ver y han conseguido establecer cierto equilibrio entre la parte más madura de la trama y la más lúdica. Digamos que estamos a medio camino entre el Superman de Donner y el Batman de Nolan pero a pequeña escala. Y es que una de las principales taras de la película es que no desprende esa magia y cierta épica que sí desprendían las de Raimi. Digamos que las anteriores estaban más centradas y encaminadas a conseguir un clímax espectacular y satisfactorio con el duelo a muerte entre el héroe y el villano. Aquí no hay de eso, no hay un enfrentamiento verdaderamente épico y no hay un Spider-Man verdaderamente superheroico (llegando a ser incluso algo cabroncete). De hecho, el verdadero Spider-Man, el héroe, no aparece hasta pasada una hora y pico de peli.

A ello hay que añadir la estructura algo errática del film. Se nos presenta alguna que otra trama para dejarla abierta o directamente obviarla. Algo heredado del mencionado Superman de Donner donde, al igual que en ésta, había un prólogo que nos presentaba una trama que no casaba para nada con el resto del film y que como en aquella, o al menos eso parece, sólo sirve para sentar las bases de una futura secuela. También hay algún que otro corte brusco (el homenaje a Superman que no destriparé y que nos priva de una secuencia que podría haber dado mucho más de sí) y que denota que las continuas visitas a la sala de montaje nos han privado de un producto incluso mejor. Aún así, el castillo de naipes no se viene abajo y en aspectos como la evolución del protagonista, las motivaciones del villano o la trama amorosa, que comentaré más adelante, le da sopas con ondas a la primera trilogía.

Webb, un tipo con un sólo título en su haber (la adorable y muy recomendable (500) days of summer), está en las antípodas de lo que se suele contratar para llevar a buen puerto este tipo de productos y ha sido el encargado de “resucitar” – y es que la franquicia de Raimi no estaba muerta en absoluto – al personaje más famoso de la factoría Marvel. Y, como si fuera consciente de que quizás las escenas de acción no sean lo suyo (no son malas en absoluto, ojo) se centra en lo que considera más importante, los personajes. Para ello ha acudido a la fuente primigenia, a lo que Peter Parker debió de haber sido desde el comienzo. Olvidémonos de ese Peter Parker pardillo, buenazo y sin un ápice de maldad, que a veces rozaba los límites de la estupidez. Este Peter Parker, y por ende Spider-Man, recupera el sentido del humor y el encanto del que adolecía en la trilogía precedente, aportando frescura y añadiendo a la mezcla cierta fragilidad y oscuridad. De hecho, en algún que otro momento sus actos pueden provocar que incluso caiga en la antipatía. Digamos que estamos ante un Peter Parker más humano y menos santo.

Claro que Garfield sólo es la mitad de la ecuación en cuanto a la cabeza de reparto. Emma Stone está para comér… que está espléndida, vamos. Su aportación es fresca, respira naturalidad y su química con Garfield es instantánea (algo tendrá que ver el hecho de que sean pareja en la vida real). A todo ello ayuda el hecho de que su personaje está mucho mejor tratado que cualquiera de los roles femeninos de la trilogía de Raimi. Gwen Stacy es una chica inteligente, con recursos y poco impresionable. Ella y Garfield, junto con un guión que evita caer en la ñoñería hacen del componente romántico de la historia uno de los principales valores de esta revisión. Y es que tras los triángulos amoroso y giros telenovelescos de anteriores entregas, esto se agradece, y mucho.

En cuanto al villano decir que es bastante funcional pero no desentona y el diseño del mismo es realmente bueno. Ofrece una presencia física y transmite una sensación de peligro que se aleja de la escasa entidad de la mayoría de los villanos del universo Marvel que han dado el salto a la gran pantalla en los últimos tiempos. Digamos que está medianamente currado y, teniendo en cuenta que estamos ante una peli sobre el origen de Spider-Man, es de agradecer que no hayan obviado sus motivaciones por simples que sean.

El resto del elenco de secundarios también está perfecto, destacando a Martin Sheen como el tío Ben y brújula moral y figura paterna de Parker.

¿La acción? Pues la verdad es que nada que objetar, aunque no hay nada que no hayamos visto ni una escena que podamos destacar por encima del resto. Son funcionales, dinámicas y con la baza de tener a un Spider-Man mucho más divertido y acrobático que el precedente. También ayuda el salto tecnológico dado en estos últimos años, entregándonos a un hombre araña mucho más realista y a un lagarto temible.

Quizás una banda sonora menos sosa y complaciente del, casi siempre, autocomplaciente y vago James Horner aportara ese plus emocional que requería la cinta; o quizás el hecho de tener un precedente tan reciente se haya cargado cualquier posible factor sorpresa. Nunca lo sabremos, pero si hago balance me quedo con el título de Webb antes que con el de Raimi por su mayor fidelidad, su sentido del humor, sus actores y el menor contenido azucarado, además de unas escenas de acción cucas aunque no sobresalgan.

Por mi parte, seguiré esperando a que Nolan me deleite con el que espero sea el broche de oro a su trilogía sobre el hombre murciélago.

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Publicado por en 9 julio, 2012 en Crítica

 

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