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Crítica: “Dredd”

09 Sep

Tiros de la vieja escuela

Dirección: Pete Travis

Guión: Alex Garland

Reparto: Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Jason Cope, Rakie Ayola, Warrick Grier, Wood Harris, Domhnall Gleeson, Joe Vaz, Scott Sparrow, Junior Singo, Luke Tyler, Langley Kirkwood, Edwin Perry, Karl Thaning, Michele Levy

Fotografía: Anthony Dod Mantle

Montaje: Mark Eckersley

Música: Paul Leonard-Morgan

Arte: Mark Digby

Productores: Alex Garland, Andrew Macdonald, Allon Reich

Productores ejecutivos: Stuart Ford, Deepak Nayar, Adi Shankar, Joanne Smith

Productora: DNA Films, IM Global, Reliance Big Pictures

En un futuro no muy lejano nos encontramos con una Norteamérica desolada, víctima de un holocausto nuclear y aislada de las zonas con altos niveles de radioactividad mediante unas enormes murallas que delimitan una megalópolis llamada Mega City 1. Vivimos en un estado policial donde el hambre, la desesperación y la violencia conviven día a día y en el cual los denominados como jueces actúan como agentes de la ley, jueces y verdugos.

El juez Dredd y la novata Anderson investigan una serie de asesinatos en una de las numerosas moles de hormigón relacionados con la traficante de Slo-Mo (una droga que altera la percepción del tiempo dando la sensación de que este transcurre más despacio) conocida como Ma-Ma. Cuando esta se entera de su presencia, convierte el edificio en una auténtica trampa mortal con tal de evitar que sus actividades delictivas salgan a la luz.

Esta visión apocalíptica, con evidentes paralelismos con la situación actual -ya se sabe, en ocasiones la realidad supera a la ficción- sirve como base para esta adaptación del famoso cómic de Kurt Wagner y Carlos Ezquerra, escrita por el reputado Alex Garland (28 días después, Nunca me abandones) y dirigida -o eso dicen- por Pete Travis (En el punto de mira). Aunque, siendo realistas, el contexto político y social apenas está esbozado.

Aquí importa más el conflicto ético y moral que se pone sobre la mesa. Por un lado tenemos a Dredd (impertérrito Karl Urban) que representa la rectitud, la defensa de la ley y el orden por encima de todo y de todos. No titubea en sus decisiones y las ejecuta con eficiencia y convicción. Por el otro tenemos a la agente novata Anderson (Thirlby), una mutante capaz de leer la mente de los que la rodean. Ella es una huérfana que desde pequeña ha convivido con las gentes de la calle a las que Dredd desprecia, es la única que se plantea si está haciendo lo correcto y en la que sus decisiones hacen mella. Es la brújula moral del film y a la vez, por paradójico que resulte debido a su condición, el personaje que irradia mayor humanidad.

Pero vamos, que cuando el film se pone en faena lo único que realmente importa es la lucha por la supervivencia de los dos protas al ritmo de música machacona y las frases sentenciosas y cool que suelta Dredd a sus víctimas. Un ruído y furia completamente desatados son los que ocupan el tercio central del film en los que director y guionista apuestan por una estética sucia, ambientes sórdidos, una violencia sin concesiones y un aprovechamiento del espacio excepcional (al fin y al cabo la película se desarrolla casi por completo en el mismo edificio). Una cinta de acción como las de hace 30 años, que no se arrepiente de su condición de serie B y de la que el mísmisimo Carpenter de Rescate en Nueva York o Asalto a la comisaría del distrito 13 se sentiría orgulloso.

A todo ello hay que sumar el peculiar efecto de la citada droga Slo-Mo, que da pie al director de fotografía para hacer uso de la cámara superlenta y de filtros varios, pecando de redudante en ciertos tramos de la película y ralentizando la acción en exceso.

En el apartado actoral hay que destacar la labor de las dos intérpretes femeninas, Lena Heady (Juego de Tronos) y Olivia Thirlby (Juno). La primera está genial como la ex-prostituta de cara cortada metida a capo de la droga, transmitiendo una violencia y amenaza latentes que explotan en arrebatos de furia. Thirlby por su parte y como ya he dicho, desborda una humanidad que se va transformando en resuelta decisión a medida que la ponen a prueba tanto física como mentalmente. Karl Urban desprende carisma como Dredd pero es más un icono que un personaje en sí mismo.

Horita y media de entretenimiento con un sano espíritu de serie B sin pretensiones es lo que promete esta Dredd y, al menos por lo que a mí respecta, puedo decir que la prueba ha sido superada.

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Publicado por en 9 septiembre, 2012 en Crítica

 

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