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Crítica: “Mátalos suavemente”

08 Oct

El sistema está podrido

Dirección: Andrew Dominik

Guión: Andrew Dominik (Novela: George V. Higgins)

Reparto: Brad Pitt, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, James Gandolfini, Vincent Curatola, Richard Jenkins, Ray Liotta, Trevor Long, Max Casella, Sam Shepard, Slaine

Fotografía: Greig Fraser

Montaje: Brian A. Kates, John Paul Horstmann

Arte: Patricia Norris

Productores: Dede Gardner, Anthony Katagas, Brad Pitt, Paula Mae Schwartz; Steve Schwartz

Productores ejecutivos: Marc Butan, Megan Ellison, Bill Johnson, Jim Seibel, Adi Shankar, Spencer Silma

Productora: Plan b Entertainment, Chockstone Pictures, Inferno Entertainment, Anapurna Pictures, 1984 Private Defense Contractors

Que el mundo se está yendo al carajo es algo más que evidente. Aunque por si no estuviera suficientemente claro el director Andrew Dominik reviste su nueva película de una dura, descarnada y algo obvia crítica al desbarajuste económico y social que llevamos años sufriendo. Para ello sitúa la acción en plena campaña electoral estadounidense, cuando Obama y McCain se disputaban el trono por la hegemonía sobre el pueblo norteamericano, elemento que utiliza como contexto para una típica historia gangsteril de ajuste de cuentas.

Y es que el asunto trata de unos muertos de hambre que hacen lo que sea para sobrevivir. Uno de los cuales cree que la situación no es tan grave y que no para de hacer castillos en el aire. El otro, por el contrario, tiene los pies más anclados al suelo y es consciente de lo jodido que está el asunto. Ante esta diatriba deciden robar a quién no deben y un ente superior (que nunca llegamos a ver) pone precio a sus cabezas.

Cada personaje del film no es más que una idea, un estereotipo que sirve para representar a los diferentes estratos de nuestra sociedad y para articular el grito de desesperación del director ante el lamentable estado de las cosas. Así pues, nos encontramos con la típica marioneta que se mueve al ritmo que le dictan (un excelente Richard Jenkins que bien podría ser un sosías de cualquier presidente de casi cualquier país), el tipo que, una vez pasada la época de vacas gordas, no tiene más remedio que trabajar por la mitad de dinero y cuya vida se está desmoronando, dos tirados de la vida bastante alejados de la realidad y un tipo de principios morales muy marcados, cabreado y consciente de la situación.

Este último es Jackie Cogan (Brad Pitt) en el papel de la voz del realizador, el tipo que se caga en todo y desencantado con todo lo que le rodea. Es individualista y resuelto, es consciente de que todo está podrido, de que todo es un negocio según sus propias palabras y, quizás por ello, se muestra frío y distante con todo aquel con el que trata, ya que las mentiras y las traiciones están a la orden del día en su entorno laboral. Brad Pitt borda el papel y continúa subiendo escalafones con la clara intención de conseguir el reconocimiento que se merece. Sus acciones así como las del resto de miembros del reparto se ven subrayadas por continuas referencias a través de la televisión o la radio a los mítines electorales del 2008, aportando cinismo y un ácido sentido del humor a la historia que nos ocupa.

Y quizás ese subrayado, ese deseo de dejarlo todo tan claro y sin apenas un margen de reflexión para el espectador es lo que más se le puede reprochar a la cinta. Si en su anterior film (El asesinato de Jesse James) Dominik se mostraba contemplativo y reflexivo al más puro estilo Malick, donde las miradas y los silencios eran los que nos hablaban, aquí es el diálogo el que se apodera de la narración – expuesto con la naturalidad y brillantez por los excelentes intérpretes que pululan por la historia -. A veces genial, a veces excesivo, y es lo que impide que la cinta levante el vuelo en algún que otro momento provocando considerables bajones de ritmo y cierto hastío durando poco más de hora y media. Digamos que se intenta conseguir la maestría de Tarantino en este medio pero cambiando la vacuidad de algunos de sus diálogos por la total transcendentalidad.

A pesar de ello, el director nos hace olvidar la mayoría de los defectos con una puesta en escena poderosa, con momentos inolvidables y duros (no he visto tollinas tan reales como las de cierta escena de (Mátalos suavemente), acentuados por el excelente uso del sonido del que hace gala la película.

Estamos pues ante una película necesaria, honesta y con una gran carga de rabia hacia el sistema. Quizás no es todo lo que esperaba de ella pero, sí destaca por algo, es por su firme compromiso de exponer el problema sin ambages ni omisiones de ningún tipo y, si es que aún queda alguna por hacerlo, despertar conciencias. Sólo por ello se merece un aplauso.

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Publicado por en 8 octubre, 2012 en Crítica

 

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