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Crítica: “Lo imposible”

22 Oct

Dispuesta a secar tus glándulas lacrimales

Dirección: Juan Antonio Bayona

Guión: Sergio García Sánchez

Reparto: Ewan McGregor, Naomi Watts, Tom Holland, Oaklee Pendergast, Samuel Joslin, Dominic Power, Marta Etura, Geraldine Chaplin

Fotografía: Óscar Faura

Montaje: Elena Ruiz, Bernat Vilaplana

Música: Fernando Velázquez

Arte: Eugenio Caballero

Productores: Enrique López Lavigne, Belén Atienza, Álvaro Agustín, Ghislain Barrois

Productores ejecutivos: Javier Ugarte

Productora: Apaches Entertainment, Telecinco Cinema

Distribución: Warner Bros.

Películas como esta y la reciente Tadeo Jones, también apadrinada por Telecinco, son necesarias. Quizás no sean las mejores muestras de cine patrio pero, ante la situación bajo mínimos del sector cinematográfico español y las políticas anticulturales de nuestro bienquerido gobierno, la producción de películas fastuosas y que a base de una fuerte y agotadora campaña publicitaria se convierten en todo un evento popular, son las que mantienen a flote a nuestro maltrecho cine.

Lo imposible podría ser catalogada como una muy buena disaster movie a la vez que como un digno pero poco aseado melodrama. Como espectáculo cumple, y vaya si cumple, con una primera media hora que cubre el desarrollo de la catástrofe. Bayona aprovecha con maestría los medios de los que dispone para dar rienda suelta a la furia de la naturaleza, apoyándose en unos excelentes efectos sonoros y la ausencia total de música que aportan una enorme fisicidad a toda la secuencia estrella y convirtiéndola en toda una experiencia.

A partir de ahí, la cinta intenta hacerte llorar, y lo intenta fervorosamente combinando golpes bajos con suaves caricias, valiéndose del dolor físico y emocional de los protagonistas. A veces, cuando la película se nutre de pequeños momentos, cuando el dolor se deja a un lado, casi lo consigue, y digo casi ya que muchos de esos instantes pierden toda su fuerza inicial debido al omnipresente empleo de la música. El cine es manipulación, eso es algo que estoy dispuesto a aceptar, pero esa manipulación puede ser sutil o no, y estamos ante el segundo caso en el que algunas escenas rozan el ridículo adornadas con frases estúpidas y edulcoradas que pretenden transcender y llegarte muy adentro pero con las que uno se queda con cara de ¿pero qué coño?). Además, esos pequeños momentos quedan en un segundo plano debido al ocasional ensañamiento físico al que son sometidos los protagonistas. Puede que en la realidad hayan pasado por todo eso, pero esto es cine y oir a la Watts gritar de dolor durante bastantes minutos de metraje resulta excesivo e incluso redundante a nivel narrativo.

Quizás el problema reside en la excesiva reverencia al material de partida por parte de Bayona y García Sánchez, haciendo que se resientan los personajes y las relaciones entre ellos. No sabemos nada acerca de ellos más allá de lo que se nos dice en los primeros 10 minutos a modo meramente introductorio. No hay conflictos, no hay dobleces y no tienen nada que despierte nuestro interés. Si cambian a los protagonistas por otras víctimas cualesquiera de la catástrofe, la cinta no se resentiría. Todo un pecado teniendo a gente como Watts dejándose los huevos por resultar creíble – y doy fé de que lo consigue – , a un estoico McGregor relegado a mera comparsa o a toda una sorpresa como la del joven Tom Holland cargando con todo el peso de la película. Es su personaje el que sale mejor parado, mezclando inocencia y madurez prematura, en el que es, sin lugar a dudas, el corazón de la familia y de la película.

La labor de Bayona, subrayados musicales y desmanes manipuladores a parte, es modélica, consiguiendo que todo el dinero invertido luzca en pantalla a la par con la mayoría de superproducciones estadounidenses. La escena del tsunami es, como ya he dicho, espectacular, combinando durante el resto del metraje planos generales con primeros planos para ilustrar tanto la catástrofe global como la familiar (aún así se queda muy lejos del maestro Spielberg con quién algunos sectores de la prensa parecen empeñados en compararlo). Lástima que el guión, como ya he comentado, no esté a la altura, limitándose a reconstruir los hechos y a nutrirse de recursos facilones propios de producciones de menor enjundia.

¿Al final que nos queda? Un espectáculo técnicamente impecable pero que flaquea a la hora de plantear un drama que vaya más allá de mostrar imágenes potencialmente crudas a pesar de algunos apuntes la mar de efectivos. Id a verla, saldréis satisfechos y de paso, ¿quién sabe? Quizás estéis sembrando la semilla de una futura industria fuerte y competitiva lejos de la infructuosa y pervertida política de subvenciones.

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Publicado por en 22 octubre, 2012 en Crítica

 

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